odo empezó hace no mucho tiempo, cuando los hombres
ya eran hombres. Nos remontamos a 3000 años antes de Cristo, cuando surgieron
las primeras civilizaciones complejas de la Historia de la Humanidad. Éstas
nacieron al calor de fértiles valles, en los que un río proporcionaba agua
suficiente como para poder vivir de un modo agrícola. Estamos en el período
conocido como la Edad Antigua, en el que comenzaron a escribir su historia dos
grandes civilizaciones: Mesopotamia y Egipto.
Las
grandes civilizaciones mesopotámicas se desarrollaron a dos grandes ríos, el
Tigris y el Éufrates. Gracias a éstos, la vida prosperaba utilizando sus aguas
para el regadío de sus alimentos vegetales. Las ciudades de Ur, Babilonia y
Nínive se encontraban en pleno auge de comercio.
La historia de Mesopotamia se puede
dividir en 3 etapas muy características. En la primera etapa, los habitantes de
la gran civilización eran llamados los sumerios, quienes realizaron importantes
cambios en la cultura, ya que inventaron la escritura, la canalización y
desarrollaron las conocidas Ciudades-Estado. Pero éstos fueron conquistados
rápidamente por los Arcadios, tras la conquista de su principal ciudad: Sumer.
En la segunda etapa fueron los Babilonios quienes dominaban las tierras
mesopotámicas, y unificaron los terrenos bajo el mando del emperador Hammurabi.
Aun así, éste fue derrocado por los Asirios, quienes tenían una cultura un
tanto cruel y violenta, pero que, aun así, continuaron con la unificación
babilónica. Pero debido a su violencia, fueron rápidamente sustituidos por los persas
en la tercera etapa, quienes conquistaron la civilización hasta el final de sus
días, bajo los nombres de Ciro II y Alejandro Magno.
Durante todo su periodo, Mesopotamia
se encontraba gobernada por una monarquía, en la que el principal gobernador
era el monarca y poseía todos los poderes de su civilización. Un monarca de
tantos que tuvo la Historia en este periodo tuvo una gran idea: Centralizar
todo el urbanismo en un punto específico, de forma que así hubiese menor
concentración de población a los alrededores, lo que suponía mayor terreno para
la agricultura. De esta forma construyó unos templos enormes, a los que llamó
Zigurats. Más adelante, otro monarca dio un paso más, y construyó, a partir de
estos templos, unos preciosos palacios, que se convirtieron en el centro de
gobierno de las diferentes civilizaciones que formaron Mesopotamia.
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Alrededor
del río Nilo, a su vez, se desarrollaba otra gran civilización, que fue muy
importante para el curso de la vida: Egipto. Delimitados por una zona desértica
y árida, los egipcios aprovechaban las subidas y bajadas del agua de su río
para cultivar las tierras, ya que se encontraban sumergidos en un mar de arena
en el cual la vida era casi imposible. Durante mucho tiempo, muchos aventureros
perdieron su vida en expediciones eternas por el Desierto del Sáhara, uno de
los más temidos, en busca de nuevas tierras.
Egipto se dividía en dos zonas
delimitadas por la estructura del río. En la parte del delta del Nilo vivían
los que podían considerarse ciudadanos del Bajo Egipto. El Alto Egipto se
encontraba en el inmenso valle que el río dejaba tras su cauce. A pesar de
todo, ambas partes se encontraban unidas y formaban parte de la misma
civilización, dirigidas por un Faraón que dominaba la estructura piramidal de
la sociedad egipcia.
Cuando Egipto comenzó su periodo de
civilización, en el Imperio Antiguo, se crearon las pirámides. Estas
construcciones eran utilizadas como templos en los que todos los ciudadanos
guardaban culto a sus Dioses. Estaba la pirámide de Keops, o la de Kefren,
entre otras muchas que a lo largo del tiempo han desaparecido. En este Imperio
se produjo la unificación de las dos zonas egipcias. Llegó un momento en el que
Egipto evolucionó. En su Imperio Medio, se expandieron sus tierras hacia el
Sur, llegando hasta las tierras de Nubia. Pero la expansión no acabó aquí. Los
egipcios tenían una sed de conquista característica, y en su Imperio Nuevo se
su demografía creció hasta Palestina y Siria.
Tal vez todo lo ocurrido fue como
respuesta a los millones y millones de oraciones y cultos que realizaron a sus
dioses. Los egipcios tenían una religión politeísta, ya que no sólo creían en
un solo Dios, pues tenían una casi incontable lista de dioses a los que rendían
homenaje de una forma un tanto obsesiva. Además, todos sus dioses explicaban
los sucesos de la naturaleza. Por ejemplo, el dios Ra era el dios del Sol, y se
representaba frecuentemente como un halcón coronado con un disco solar y sobre
este una serpiente. El dios Osiris preside el tribunal que juzga las personas
tras su muerte. El dios Apis era el dios de la agricultura, y se representaba
con un toro.
Los egipcios creían en la vida
después de la muerte. Inventaron la momificación, que es una especie de ritual
en el que se despedían de sus seres queridos, conservando su alma y su cuerpo
juntos para toda la eternidad.
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¡Viva Macedonia!–
gritó Alejandro, mientras explicaba cómo llegó a ser emperador de Grecia. Sus
hijos, Miguel y Carolina escuchaban con atención cómo su padre les contaba de
nuevo la historia que todas las noches les contaba. Parecía incansable. Se
encontraban en la Península Balcánica, un conjunto de islas que, junto con la
costa occidental de Asia Menor y las islas del Mar Egeo, constituían la gran
civilización Griega. Por la ventana, Carolina observaba las aguas del Mar
Mediterráneo, y soñaba con que era una hermosa mujer aprovechando las tierras
que bordeaban el mar. Siempre que iba a la escuela veía muchos ancianos
sembrando y recogiendo frutos de la costa. Su polis era muy grande, y estaba
rodeada por muchísimas aldeas y un extenso territorio, en el que su familia
poseía tierras de las que vivían.
De repente, despertó de su
ensimismamiento cuando su padre, muy animado, volvía a gritar, aunque esta vez
a su hermano: ¿Cómo que atenienses? ¡Nosotros somos helenos!- y comenzó a
explicar una historia que nunca antes había contado, una historia anterior a su
fábula preferida todas las noches.
«Al principio de todo, hijos míos,
Grecia era una tierra casi desierta. No existían todas las preciosas ciudades
que vemos hoy. De hecho, ni siquiera existía la mitad de personas con las que
vivimos hoy. Nuestro Imperio, la vida tal y como la conocemos ahora, fue
posible gracias a los arcaicos, los clásicos y los helenos. Fue en la Época
Arcaica cuando se desarrollaron todas las Polis de Grecia, y se destituyeron a
los tiranos del poder, instaurando la democracia en toda la civilización. La
Época Clásica fue un periodo muy importante, ya que en ella hubo una larga y
violenta guerra entre el ejército espartano y ateniense contra los persas. Tras
las Guerras del Peloponeso, llegó la Época Helenística, en la que nos
encontramos ahora, y en la que yo, vuestro padre, después de mi padre Filipo
II, gobierno desde el Senado».
No entiendo cómo no le destituyen
desde la Asamblea- gruñó Miguel. Su padre le escuchó y le regañó. Debía
respetar a su padre si quería que los dioses le aceptaran como hombre de honor.
Pero su padre no tenía en cuenta que no creía en los dioses, le parecían
cuentos para niños. No creía en ningún Héroe. Ulises le parecía un campesino.
No creía en ningún Dios Menor. Tritón no le asustaba. Y no creía en ningún Dios
Mayor. Zeus le parecía una imagen muy borrosa de la autoridad de su padre.
Miguel lo que quería era ser un hombre libre, vivir en la cumbre, promulgar las
órdenes desde el Senado junto a los aristócratas, y controlar las rutas de
comercio de productos entre las Polis y las Colonias. Pero era un sueño que
pronto se acabaría, pues lo que no sabía Miguel es que estaban a punto de ser
conquistados.
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Un
murmullo profundo no podía interrumpir el intenso silencio de la plaza. Todos
estaban allí, esperando pacientes. Su líder tenía unas palabras importantes que
predicar ese día. Sin previo aviso, aparecían tras unas columnas un grupo de
hombres, que se dirigían a una especie de escenario en el que se procesaban las
decapitaciones. Cinco hombres subieron al tablado, y uno de ellos, el que se
encontraba en el centro, dio unos pasos hacia adelante.
Veni, vidi, mortuus!- gritó con
todas sus fuerzas, a modo de burla, mientras sostenía un estandarte del ejército
de Julio César. Al unísono, y como si estuviese ensayado, todos gritaron un
“Ave Octavio Augusto” que espantó a todas las aves de alrededor. El líder se
había convertido en emperador, tras una Guerra Civil.
Pero antes de todo eso, el Imperio
Romano se encontraba sumergido en una monarquía etrusco-romana, en la que
gobernaron tan sólo siete reyes, ya que el César conquistó los territorios
instaurando su República. En ella existían tres instituciones que controlaban
la vida en el Demos. Éstas eran los Magistrados, los Comicios y el Senado.
Octavio Augusto, el nuevo líder del
ahora Imperio Romano empezaba ese día un gran proceso de romanización, mediante
el cual sus territorios se extenderían de forma espléndida, llegando hasta
ocupar la Península Ibérica.
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